De vuelta a la Chuna

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Recuerdo una llamada que recibí de mi socio Daniel Sandoval hace unos 7 años: “Miguelazo, teneis que conocer La chuna, la casa de César Navas que está en la Ciénaga de Ocumare”.

Hasta ese momento lo único que sabía de César Navas, era que él era el “padre” de Carmen Fabiana y que la ciénaga de ocumare era una playita muy bella a la cual íbamos en los intervalos de superficie cuando buceábamos en la bahía de guabinas.

Cómo siempre he sido aventurero, le dije a Daniel que me pusiera en contacto con César para ver si podía cuadrar un viaje. Así que después de varias conversaciones pudimos acordar un primer grupo “piloto”.

Fue toda una aventura transitar por la carretera de ocumare de la costa, llegar a la boca, lidiar con los pescadores para negociar trasladarnos hasta la ciénaga. Y al fin llegamos a ese secreto de la cosa de Aragua y como siempre Alida y César nos recibieron con los brazos abiertos, como quien recibe a los familiares que tiene tiempo que no ve.

Por motivos de fuerza mayor Alida y César no pudieron recibir huéspedes por 5 años, hasta que nuevamente pudieron coordinar todo para iniciar operaciones en “La Chuna”.

Hace unos dos meses, recibí con mucha emoción la noticia de parte de César “Miguel ya estoy operativo de nuevo en la Chuna” y organicé un primer viaje y se anotaron en esta aventura Yrmina Salaverría, Jose Marquez, Diana González, Rosselyn León, Gerardo Aguilar, William Fadel y Carolina Ordoñez.
Así que el viernes 25 salimos vía ocumare, tomar un peñero para llegar a la Ciénaga. Y como siempre Alida y César nos recibieron con los brazos abiertos en su casa.

Disfrutamos de un fin de semana con 4 excelentes inmersiones, de las historias de César de cómo hundió Carmen Fabiana, El Gran Roque y sus experiencias en buceo comercial, de la sonrisa contagiante de Alida, del siempre trabajador sr pedro, de “Jessy” el nuevo pupilo de César y su diligente esposa Vanessa.

Siempre le comento a todos mis alumnos que la Ciénaga tiene una magia, algo especial y definitivamente es su gente, su calor humano, su familiaridad, su sencillez. Gracias mil a Alida y a César al permitirme ser parte de la familia, gracias por permitirme compartir con mis alumnos un lugar único y mágico.

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Miguel Blanco

 

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